Pese a que el agotamiento laboral no sea un diagnóstico como tal, es decir, nadie sale del médico después de que le digan: “Está usted agotado, tómese 2 pastillas de siestaviendodocumentalesdela2 y hamaca cada 8 horas ¿Verdad?. Aunque ataca a todo el mundo sin discriminar sexo, edad o estado de salud… en raras ocasiones se identifica correctamente, se piensa que enmascara trastornos como depresión o estrés. Además, pocas personas atribuyen estos síntomas a su trabajo, y se esconde tras el alto porcentaje de españoles que no se encuentran satisfechos con tu trabajo

Si te ves afectad@ por un agotamiento repentino, saber la fuente es el primer paso para tu recuperación.

Síntomas de agotamiento laboral

Si empiezas a sentirte cansad@, fatigad@ sin razón aparente, hacerte alguna de las siguientes preguntas te será de gran utilidad

Hazte las siguientes preguntas:

  • ¿Sientes que últimamente estás más crítico con tus compañer@s de trabajo?
  • ¿Crees que te falta paciencia en el trato en la oficina?
  • ¿Te cuesta ponerte a trabajar?
  • ¿Cada vez te resulta más difícil concentrarte?
  • ¿Tus logros no te dan satisfacción?
  • ¿Has cambiado tus hábitos de sueño?
  • ¿Sientes dolores de cabeza, estómago… u otras dolencias físicas que no consigues explicar?
  • ¿Te cuesta levantarte de la cama?

Si respondiste afirmativamente a una o varias de ellas, es posible que estés sufriendo agotamiento laboral. Tal vez ha llegado el momento de visitar a un especialista. Un médico o psicólog@ te ayudará a atajar estos problemas antes de que vayan a más. 

Posibles causas 

Existen diferentes motivos por los que el agotamiento laboral puede llegar. Te presentamos algunos ejemplos:

  • Mala Dinámica en la oficina. Un comportamiento tóxico en el lugar de trabajo, pasa factura. Casos de mobbing, no sentirse valorad@ o las injerencias continuas aceleran el agotamiento. 
  • Falta de flexibilidad. No poder decidir sobre nuestro día a día: horario, reparto de la carga de trabajo, prioridad de las tareas… son otro factor de riesgo.
  • Picos de actividad: Cuando en un trabajo pasas del aburrimiento a trabajar sin parar en un segundo, la energía necesaria para mantener la concentración acaba pasando factura. 
  • Falta de conciliación laboral: Si el trabajo absorbe tiempo destinado al ocio, la familia y l@s amig@s… la fatiga se acelera. 

Disfruta de los momentos de relax, y considera que pasas unas 40 horas trabajando. Es importante que trabajes para vivir, no que vivas para trabajar. Sin una desconexión adecuada, cada día te costará más mantener la productividad y, la ilusión con la que empezaste el primer día, se disipará poco a poco.

 

 

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